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Carta a los Jóvenes – N° Especial

Patch Adams, Peregrino de la Paz

 

 

 

Assisi, 1 de febrero de 2001

 

 

Así, como la preparación para el evento, el mismo también pasó desapercibido. Seguramente la noticia no ha sido reseñada por los "grandes" medios de comunicación social. De hecho, yo mismo me enteré por casualidad, cuando caminando distraído por las calles del pueblo de Francisco y Clara, pude observar un afiche pegado en cualquier parte invitando al encuentro con el Dr. Patch Adams.

 

Quienes hemos visto la película del mismo nombre, protagonizada por Robin Williams, sabemos algo de la historia de este hombre que no vacila en reconocer la obra de la Gracia, al despertar a la vida y luchar contra todo un sistema para dar verdadera vida a aquellos a quienes les ha sido arrebatada. ¿Recuerdan ustedes, quienes compartimos la Pascua del año pasado, toda la reflexión que, sobre el sentido de dar la vida, hicimos a partir del testimonio de este película?

 

 

Por eso, lleno de ánimo y dispuesto a descubrir semillas del Reino para compartirlas con ustedes, regresé hoy a Asís a este gran encuentro. El cartel fijaba la hora de comienzo para las 4 de la tarde. Llegamos mis compañeros de travesía y yo cerca de las tres y media al gran Convento de los Franciscanos. Ya la sala se iba llenando poco a poco con una gran cantidad de jóvenes, quienes se preparaban para encontrarse con Patch: pinturas de payasos, globos que volaban, algunos montados en sus zancos, el coro preparando sus cantos, los saludos de encuentro... y sobre todo gran expectativa.

 

 

Detrás de toda la informalidad creada por las más de doscientas personas que albergaba el local, se vivía un gran ambiente de profundidad. Primero una película donde se presentaba al Dr. Adams en sus "talleres para la alegría" (por cierto, ¿desde hace cuándo no te ríes a carcajadas? ¿ya saludaste cariñosamente a alguien hoy?...). Luego los cantos del coro de jóvenes que deseaban presentar este gesto en el lenguaje mundial de la música al homenajeado.

 

 

Claro, no puede faltar en una ceremonia italiana un discurso de orden que tenga una duración algo mayor de lo prudencial... Así se presentó el sentido del premio "Peregrino de la Paz", conferido por los hermanos del convento de Asís a aquellas personas que han recorrido largos trechos para colaborar con el establecimiento de la paz en el mundo. Fue creado en el año 1989, recibiéndo el burrito símbolo de este premio por primera vez el presidente de la ex Unión Soviética, Mihail Gorbachov. En los años sucesivos han sido galardonados con él figuras como el Papa Juan Pablo II, la madre Teresa de Calcuta, el tenor Pavarotti y el secretario general de la Onu Pérez de Cuellar, entre otros. En esta XIII entrega le correspondió a Patch Adams, MD.

 

La ovación fue general y luego de una invitación a todos estos jóvenes a seguir el ejemplo de Patch, se escuchó otro discurso de gratitud, esta vez en inglés, en el cual se resaltaba la calidad humana de alguien que sencillamente se ha dedicado a amar a los demás sin guardar nada para sí.

 

 

Al fin pudimos escuchar las esperadas palabras de Patch. Con mucha sencillez se acercó al estrado y comenzó a hablarnos. Su mensaje fue, fundamentalmente, una palabra de esperanza e invitación al reto, donde en primer lugar comentaba la poca importancia que tenía imitarle: "les han dicho que sean como Patch Adams, pero yo les digo que mejor sean ustedes mismos".

 

Cuando comentó algunas ideas sobre Francisco de Asís (referencia obligatoria para dicha ocasión) decía "fíjense que no le llamo san Francisco, le digo solamente Francisco porque, conociendo su historia y sus características, estoy seguro de que a él no le hubiera gustado que le dijeran santo". Allí, un gran gesto de humildad reconoce: "no he hecho nada distinto a lo que mi madre ha hecho conmigo: he amado a los demás como mi madre me ha amado a mí. Y si algo tenemos en común Francisco y yo es eso". Ese parece ser su gran secreto que ha compartido con nosotros: amar como una madre que se preocupa por cada uno de sus hijos con sus historias propias, sus necesidades; que se sienta al lado de ellos en la cama cuando van a dormir y, acariciando sus cabellos, les narra historias que calman el infantil corazón agitado. En esto consiste la medicina aplicada por Patch.

 

También nos habló sobre la insolidaridad con los más pobres que se vive en los Estados Unidos de América y las políticas del nuevo presidente, insistiendo en cómo debemos ser nosotros verdaderos luchadores para que pueda vencer la solidaridad. Pero lo más importante que compartió fueron las tres características esenciales para la santidad:

1. Agradecer el don de la propia vida recibido de Dios.

2. Agradecer el don de las vidas que acompañan el diario caminar.

3. Responder a este regalo, simplemente, amando en entrega a los demás.

 

Parece sencillo, ¿verdad? Solamente nos falta una cosa: interiorizar estas tres pequeñas reglas y vivirlas.

 

Al finalizar el acto, me acerqué donde estaba Patch, quien al pedirle un saludo

especial para ti, querido lector, me dijo que lo más importante era "tocar al otro". Luego, en mi oración me pude dar cuenta de que eso era lo que hacía Jesús siempre que sanaba a un enfermo: tocaba su vida, su realidad y padecía con él. ¿Nos arriesgamos a dar juntos como Iglesia este testimonio de fe con los demás?

 

 

Hasta la próxima ocasión y continuamos unidos en Jesús, nuestro amigo.

 

Néstor.