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Carta a los Jóvenes – 6

El Hijo de la Esclava

 

 

Roma, 4 de febrero de 2001

 

Querido amigo:

 

Continuamos con esta carta nuestra travesía por las páginas del Génesis. En esta ocasión comentaremos los capítulos 15, 16 y 17. Capítulos donde continúa Abram su camino hacia la tierra prometida en espera del cumplimiento de la promesa.

 

A causa de nuestra mala memoria e impaciencia, Dios no se cansa de recordarnos continuamente su alianza, su presencia continua tal y como lo hemos tratado en cartas anteriores. En el hermoso diálogo que nos presenta el capítulo 15 entre Dios y Abram, se ven claramente los siguientes elementos que nos recuerdan nuestra propia situación de incertidumbre ante la espera en el Señor:

 

· Dios comienza el diálogo. Esto es importante, porque pensamos que somos nosotros (y, como decimos vulgarmente, cuando nos da la gana) quienes nos dirigimos en primer lugar a Dios. ¡No! Es Él quien con pequeños signos, minúsculos milagros diarios, toca las puertas de la vida para ver que no tenemos por qué temer, es nuestro protector y nos invita a la fidelidad.

· Nuestra respuesta: la duda y la desesperanza. Formamos parte de una generación cuya vida avanza a un ritmo impresionante; queremos los cambios "YA", deseamos que las promesas se cumplan rápidamente. ¡Claro, mientras menor sea el esfuerzo, mejor! Las palabras de Abram toman forma en nuestros labios: "¿qué me vas a dar?... Voy a morir... Ya no me diste...". En este punto me surgen varias inquietudes: ¿Acaso sé cuándo voy a morir?; ¿quién soy yo para "exigirle" a Dios lo que me debe "dar"?; ¿soy el dueño de mi vida o se la he confiado verdaderamente a Él?

· Reafirmación de la Alianza. Dios nos aclara el panorama: en la tranquilidad de la oración nos "saca fuera" de todo aquello que estorba en nuestra vida para ver la acción de su obra. Claro que ahora depende de ti, de mí, si queremos salir con él a ver el hermoso cielo estrellado que nos muestra la promesa o preferimos quedarnos encerrados en nosotros mismos, viendo un cielo desde la lejanía, sin sentir la brisa fresca que nos une a Él y desde nuestras muchas (o pocas) "seguridades".

· Necesitamos signos. El ser humano necesita alimentar su fe con signos palpables. ¡Mucho más cuando se es joven! Dios nos ha prometido una tierra nueva, que aún vislumbrándola no la podemos poseer. Como señal nos pide ofrendas, pan y vino, especies que podrían formar parte de una "naturaleza muerta", que asemejan la muerte de cada día, la esclavitud y el fruto de la explotación. Pero es la acción del Espíritu Santo la que pasa por allí y en cada Eucaristía comparte LA VIDA en el Cuerpo y Sangre de Jesús. Sacramento y vida están íntimamente unidos, y si no es así ¡no es verdadero sacramento!

 

El deseo de la esclava

 

Ante la desesperación por no ver la promesa de la descendencia cumplida, Saray confía a su esclava Agar para que conciba un hijo con Abram. Recordemos la costumbre de los pueblos antiguos en la cual aquellos hijos concebidos por la esclava eran tomados como hijos de la dueña.

 

Se hace presente la desconfianza y Saray y Abram buscan caminos para que se cumpla "a como dé lugar" la promesa hecha por Dios. ¡Cuántas veces también nosotros desesperamos y, sin entender los caminos del Señor, damos vueltas al asunto para que se cumpla la promesa que creemos ha pactado con nosotros!

 

No piensa Dios con una lógica humana, ni actúa según nuestros criterios. No sabemos aquello que él desea ni cuándo ni cómo lo hará. En otras palabras, la acción de Dios no se hace presente con trampas ni mentiras por más "blancas" o pequeñas que éstas parezcan. Es una acción transparente, sin truco de por medio... Así, verdaderamente ayudaremos que esa acción se cumpla desde la honestidad, claridad y sencillez de nuestro obrar.

 

La consecuencia fue lógica. La esclava (y esa puedes ser tú, puedo ser yo) cree merecer el honor que ha recibido de concebir al hijo del patrón y, con los "humos subidos a la cabeza", comienza a tratar mal a la estéril. ¡Cuántas veces he abusado de los dones que me ha regalado Dios para mostrar una supuesta superioridad sobre otros! Esto no es más que debilidad, inseguridad personal que lleva a reafirmar la propia personalidad "sobre" los otros... Y pensar que por esa razón han ocurrido tantas injusticias en la humanidad... (Sería bueno que te evaluaras en este momento al respecto: cómo actúas con tus dones, cuándo los sacas para relucir por vanidad, cuando eres injusto a causa de la inseguridad...)

 

Sí. Somos esclavos y buscamos huir. Pero lo más curioso es que no escapamos de aquello que verdaderamente nos esclaviza, el pecado; escapamos de la responsabilidad que nos ayuda a ser "hijos", a ser portadores de gracia, a ser (usando la imagen del matrimonio entre Dios y cada alma) esposas que gestan nueva vida.

 

Dios sale a nuestro encuentro y envía ángeles que nos recuerden el camino para retornar a la Casa del Padre. Son aquellas personas quienes con gran sensibilidad entienden la necesidad que tenemos de calmar las aguas. Otras veces son pequeños signos que como agua viva, agua que corre, reaniman la vida del Espíritu Santo en nosotros. ¿Cuáles han sido esas personas y esos signos que han reanimado tu vida cristiana?

 

Al mirar hacia atrás una vez pasada la crisis que lleva a escapar, reconocemos que Dios es el que ve, el que escucha en la aflicción, y con ánimos renovados continuamos gestando la vida para la construcción del Reino de Dios.

 

Signos que sellan la promesa

 

En el capítulo 17 encontramos dos signos que sellan la promesa: el cambio de nombre de Abram (padre venerado) a Abraham (padre de multitudes) y la circuncisión.

 

El primer signo, el cambio de nombre, recuerda la misión confiada, el sentido de esa persona en la historia de la salvación. Cada nombre tiene un significado, y a lo mejor sin saber ese nombre que recibimos en nuestro bautismo está relacionado con nuestro sentido en la historia de salvación; sería interesante saber el significado del nombre propio y relacionarlo con la historia... Es un pequeño signo.

 

Por otra parte, antiguamente, en las órdenes religiosas al entrar al noviciado se hacía un cambio de nombre, significando una nueva vida. Hoy ya no se hace, porque el sello fundamental lo hemos recibido en el bautismo, la verdadera vida que hemos recibido en Dios.

 

El signo de la circuncisión es una marca física que marca al hombre como heredero de la promesa. Para el cristiano esta marca va más allá de lo físico y es en el Espíritu mediante el bautismo, en el cual se acepta y se es marcado para la promesa de la herencia. Son muchos los signos que se utilizan para recordar esa gran marca espiritual, así como la presencia de Dios en la vida del hombre: la alianza matrimonial, el crucifijo, imágenes... Muchas veces son signos muy personales porque recuerdan parte de la propia historia, otras son gestos diarios, oraciones o devociones que llevan a recordar la relación con Dios. ¿Cuáles son esos signos que se presentan en tu vida?

 

Estos signos recuerdan que, a pesar de ser hijos de la esclava, o sea que vivimos en medio de la miseria, de los errores, del pecado... somos llamados a ser partícipes de la promesa, porque el amor que Dios nos tiene supera todo.

 

Estimado joven, nuestra vida definitivamente es un regalo para los demás. Por eso te invito a que no te conformes con una referencia lejana a Dios en tu vida, como lo hacía al principio Agar, sino que seas capaz de vivir a plenitud la libertad de ser hijo de Dios.

 

Recibe un fuerte abrazo y continuamos unidos en la oración, para continuar esperando juntos en la promesa que Dios nos ha hecho,

 

Néstor.