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Carta a los Jóvenes – 5

¡Hermanos y Amigos!

 

 

Roma, 15 de enero de 2001

 

Querido amigo:

 

Comienzo esta carta con unas palabras que seguramente te habrán llamado la atención: Hermanos y Amigos. Y es que ya desde el comienzo de la historia del Pueblo de Dios se empieza a revelar el sentido de las relaciones humanas dentro de la salvación que el Señor regala.

 

Como sabemos, Lot había partido con su tío Abram hacia la tierra desconocida, pasó también las dificultades en Egipto y logró salir en la caravana. El texto bíblico que estudiamos en esta ocasión es claro al presentar que, a pesar de ser parte de la misma familia, forman dos grupos diferentes. Te invito a que en este momento te acerques a los textos que nos servirán de referencia: los capítulos 13 y 14 del Génesis.

 

Ruptura para Preservar la Paz

 

Como en todo grupo humano, la avaricia y la envidia se hacen presentes entre los pastores de Abram y Lot. Seguramente comenzarían discusiones y peleas por las ovejas y el terreno. ¡Cuántas familias comienzan a desboronarse por tontas discusiones sobre herencias y pertenencias materiales!

 

Y allí Abram nos recuerda el valor supremo de la sangre sobre las pertenencias. En primer lugar, llama "hermano" a Lot. Recordemos que para el pueblo judío, será hermano todo pariente consanguíneo hasta el cuarto grado (o sea lo que nosotros conocemos como hermanos, tíos y sobrinos, primos hermanos). Esta no es una relación únicamente de nombre, sino que verdaderamente el tío o el primo son parientes cercanos que siempre serán bien recibidos, siempre tendrán un puesto en la mesa de la casa paterna.

 

Por lo tanto, importante es para todos estos "hermanos" que se logre mantener la paz y alejar la tentación de la discordia. Esta situación me recuerda a tantos hermanos que muchas veces están peleando entre sí y en lugar de buscar un punto para acabar la discordia, valorando verdaderamente la paz familiar, continúan "echándole leña al fuego", favoreciendo las pequeñas tentaciones que encienden el espíritu en un estado de agresividad... Sí, Abram nos da hoy una lección de cómo vivir nuestra fraternidad: en primer lugar, alejar todo aquello que no favorezca la relación fraterna. Pero hay un pequeño detalle. Con esto no estoy diciendo que los hermanos dejen hacer al otro lo que quiera, ¡no! Precisamente eso no favorecería la verdadera paz.

 

Un hermano se preocupa por el otro, y cuando encuentra faltas graves (entiéndase bien la palabra grave) busca hacérselas ver para caminar juntos hacia "tierras mejores"; no señala las faltas para dejarlo caído o en ridículo, sino para levantarse juntos.

 

Así este respetar y valorar a mi hermano se transforma en no juzgarlo y allanar cualquier aspecto de mi vida que no nos permita vivir en paz. Si te detienes un momento, seguramente podrás ver cuáles son aquellas actitudes tuyas que no te permiten ser "hermano" del otro... También podrás ver todas esas "tonterías" que le "sacas en cara" a los demás como excusa para romper la comunión...

 

Sí, debemos romper con aquellas situaciones que no permiten que vivamos en la verdadera paz de Dios. Y ¡ojo con esta frase! No estoy hablando, repito, de una paz de "déjame hacer lo que me viene en gana", sino de una paz de saber que se está en el camino que Dios me ofrece para realizarme plenamente como persona. En otras palabras, ¡debemos romper con las situaciones de pecado que encontramos en nuestras relaciones con el otro!

 

La Renovación de la Promesa

 

En ocasiones, esas rupturas son dolorosas, como seguramente lo fue para Abram separarse de Lot. Sin embargo, a la luz de la fe van adquiriendo un sentido de Gracia, de presencia purificadora del Señor en nuestra vida.

 

Si escuchamos con atención, podremos descubrir en cada paso que damos la renovación que hace Dios de su promesa. Así como lo hizo con Abram, nos invita a no descansar, a seguir recorriendo el peregrinar de la vida.

 

Claro, no veremos claramente ni "sentiremos" inmediatamente la promesa cumplida, pero tenemos la certeza de que Él siempre es fiel.

 

La Fidelidad de la Amistad

 

Abram aprende de Dios lo que es ser fiel, que implica estar allí siempre y en todo momento, aliviando el dolor del camino y ofreciendo esperanza para continuar. Por eso, apenas se entera de cómo habían hecho prisionero a Lot, reúne un ejército y se va a luchar por liberarlo.

 

En este gesto, Abram transforma su hermandad en amistad. Sabe que vale la pena arriesgarlo todo por el hermano amigo que ha sido apresado. Podríamos extrapolar este hecho y recordar en él cómo el Verbo se encarna en Jesús para luchar por liberarnos a toda la humanidad, sus hermanos que hemos sido llamados amigos.

 

Jugárselas por el otro no es una cuestión fácil, sobre todo cuando hablamos de ir a él para ayudarle a combatir el pecado que le tiene preso, ya sea en su esencia o en sus consecuencias. Pero definitivamente éste es el mayor hecho de hermandad y amistad que se pueda dar; así se recupera la dignidad que pertenece a cada uno: ser humano, ser hijo de Dios,.

 

En el relato del Génesis se hace presente una figura muy curiosa: Melquisedec. Un rey que es sacerdote y en lugar de ofrecer grandes holocaustos ofrece pan y vino. En el nuevo testamento (carta a los Hebreos) se hace una interpretación de esta figura comparándolo con Jesucristo, rey y sacerdote eterno, que se ofrece en la eucaristía. Así, se puede afirmar que Jesús, al igual que Melquisedec, bendice a todos los que se unen a Él y les alimenta con su mismo sacrificio en el pan y vino eucarístico.

 

Y fíjate hasta dónde llega el ejemplo de Abram, que en lugar de reclamar su botín (lo que era justo para aquél tiempo) sencillamente se conforma con haber hacho aquello que debía hacer: liberar a su hermano. Precisamente ese es el sentido más profundo de la amistad, no realizar las cosas en la espera de una respuesta semejante; probablemente la otra persona tiene una forma de agradecer distinta a la que yo espero, por eso estoy invitado a respetarla y a recibirla con sencillez. Abram no espera que sus compañeros de batalla reaccionen como él, simplemente que cada uno tome su decisión; y cuántas veces nos molestamos con los demás porque no reaccionan como nosotros lo haríamos...

 

En un mundo como el nuestro, este pasaje del Génesis es de una gran actualidad. Nos reta a asumir la realidad de ser hermanos y amigos con maneras concretas, con gestos realizados. Para ello se nos invita a dos grandes tareas: primero a romper con aquello que no me hace persona, y, en segundo lugar, a unirme a Jesús para liberar y liberarme de la opresión del pecado.

 

Te invito a que juntos continuemos formando esa gran fraternidad en Jesús que nos hace amigos.

 

Recibe un fuerte abrazo y espero que nos encontremos todos juntos en Jesús siempre joven,

 

Néstor.