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Carta a los Jóvenes – 3

¡Tú eres una nueva Arca!

 

 

Roma, 29 de octubre de 2000

 

Querido amigo:

 

En esta carta continuaremos nuestra reflexión utilizando el libro del Génesis. Para ello tomaremos un pasaje, que sabemos desde pequeños y precisamente por eso no le damos la importancia a la novedad que allí se encuentra. Este pasaje es la historia de Noé; lo encontramos entre los capítulos 6 y 10 del libro del Génesis. Aunque te sepas de memoria esta historia, te invito a que hagas un alto aquí y repases estos cinco capítulos; es interesante ver cómo en ellos se narra lo mismo de dos maneras distintas, dando énfasis cada cual a diversos aspectos.

 

La muerte del hombre y la ira de Dios.

 

Parece ser que la mayor obra del mismo Dios ha sido también su mayor dolor. En la primera parte del capítulo 6 encontramos que aquello que era bueno desde la creación, el mismo ser humano, había optado libremente por servir el mal en su vida.

Tanto desestabiliza la presencia de la humanidad al universo, produciéndose un caos de tal magnitud que los ángeles (llamados "hijos de Dios") renuncian a su esencia como espíritus, y seducidos por la belleza de "las hijas del hombre", deciden bajar para hacerse como "hombres". Esta es una antigua creencia del pueblo judío que, como excelente interpretación de este pasaje aplicado a nuestros tiempos, la encontramos en la película "City of Angels"; en su final también encontramos la creencia existente sobre el resultado de esta opción.

Dios ve que todo va mal. Aquella obra que había realizado con tanta ilusión, en la cual tenía tantas esperanzas, había sido destruida por el pecado. El hombre no era capaz de asumir su libertad. Por eso, como producto de su ira divina, decide destruir la creación. ¡Dios se ha arrepentido de crear a la humanidad porque ella misma se ha avergonzado de su Dios!

Aún Dios sigue viendo la creación, continúa viéndonos a ti y a mí, contemplando qué hacemos con nuestra libertad. Podríamos desear ser otra esencia completamente distinta a lo que somos (como lo quisieron esos "ángeles caídos"), rechazando incluso las potencialidades que el mismo Señor ha puesto en nosotros; incluso podemos olvidarnos de su presencia, o también podríamos en nuestra libertad optar por servir a "otros señores"... ¡Puedo dejarme corromper y convertirme en un corruptor!

Y será en ese momento en el cual surgirá la ira de Dios, no contra mí, pero sí contra mi pecado.

 

Lo salvable de cada hombre

 

En efecto, Dios ve mucho más allá de lo que cada uno de nosotros puede ver de sí mismo. Él es capaz de encontrar, a pesar de toda la maldad que pueda existir, también grandes rasgos de bondad en lo más íntimo de cada ser. Él siempre recordará las veces que hemos estado en su presencia, y estas veces harán de nosotros un nuevo Noé.

No hace falta haber realizado grandes obras para ser elegidos como Noé, sino desde la vida cotidiana, desde la pequeñez y fidelidad.

A la vez, Él hace de ti una nueva Arca. ¿Pero qué quiere decir esto de ser Arca? Este término lo utiliza el Antiguo Testamento refiriéndose a aquella caja, o recipiente, donde se encuentra el signo de la Alianza que Dios ha pactado con la humanidad. En otras palabras, es donde está el objeto que recuerda la presencia de Dios en la tierra.

Esto quiere decir, que Dios está presente en tu vida. Él, con el agua del bautismo (que luego es recordado en el sacramento de la reconciliación) destruye todo pecado que esté en ti, lo sumerge por completo, pero respeta aquello de bondad, signo de su amor, que está en tu ser. Por eso es tan significativa el agua bendita para nosotros, cristianos: cada vez que nos persignamos con esta agua, hacemos memoria del agua recibida en el bautismo y aceptamos este nuevo diluvio del Señor sobre nosotros para ahogar nuestro pecado.

Como ves, este texto de Noé está lleno de símbolos que van mucho más allá del cuento.

En contraste con el deseo de la humanidad de hacer lo que quiera, está la obediencia de Noé. Era un completo absurdo que la tierra fuera destruida por su creador, pero Noé escuchó y obedeció. Este es un aspecto que encontraremos más adelante en otro personaje, por eso no profundizaremos en él.

Otro símbolo empleado son los cuarenta días que duró el diluvio. También fueron cuarenta los días que estuvo Jesús en el desierto. Este número simbolizará siempre el paso de Dios por la realidad del hombre y de la mujer. Dios no realiza conversiones "mágicas", al contrario, cada uno de nosotros necesita convertirse, ahogar todo el mal que pueda existir y éste es un proceso largo, que dura ¡toda la vida!

 

La segunda alianza, novedad para cada uno.

 

El animal que ha simbolizado la presencia del Espíritu Santo es la paloma. Ya en el Antiguo Testamento este animal tiene una gran importancia para el pueblo: lo guía a la paz con Dios, a la nueva alianza. Y precisamente por allí va la función del Espíritu Santo en nuestra vida: guiarnos para entrar en la plenitud del amor de Dios, en la total comunión.

La rama de olivo que porta esta ave, simboliza la esperanza que se encuentra al confiar en Dios. Noé ve que la paloma regresa con esta rama y se alegra porque hay posibilidad de encontrar tierra donde desembarcar.

¿Cuántas veces has sido guiado por el Espíritu Santo en tu vida, incluso sin darte cuenta? ¿Cuántos símbolos de alianza, así como la rama de olivo, ha puesto Dios en tu camino? Te invito a que hagas un poco de memoria y puedas actualizar esta historia en tu vida.

Noé se da cuenta de lo grande que ha sido Dios para con él y, de lo mejor que tenía (los animales puros), hizo un nuevo sacrificio al Señor. No se lo reserva para sí, sino que lo da por completo en el altar que ha preparado para Dios.

Nuestros pueblos han comprendido muy bien este sentido del pequeño altar como recuerdo de la presencia de Dios en la vida diaria. Por eso, en muchas casas, encontramos pequeños altarcitos, con la Virgencita o algún santo o la imagen del crucificado. Creo que en esto debemos aprender de la gran sabiduría popular, y es un hermoso gesto tener en nuestra habitación un pequeño rincón que nos recuerde esa alianza que Dios ha pactado con nosotros; un rincón donde cada día podamos presentarle al Señor lo mejor de nuestro ser...

Pero esta segunda alianza es tan importante como la primera. Recordemos que la primera alianza fue la misma creación del hombre, cuando le da todo lo realizado para que sea su dueño... Fue el momento de tu propia creación, donde dijo un sí incondicional al amor que te tiene...

 

Ningún mal puede venir de Dios

 

La segunda alianza será la renovación del primer pacto, añadiendo una promesa divina inquebrantable: "nunca más maldeciré la tierra por culpa del hombre (...) ni volveré a castigar a todo ser viviente como acabo de hacerlo" (Cfr. Gn 8,21-22).

Este es un pacto muy serio por parte de Dios, que nosotros mismos no nos lo hemos terminado de creer. ¿Cuántas veces no estamos llorando, culpando a Dios del mal que hay en nuestra vida?

Pero esta alianza también conlleva un compromiso por parte de cada uno de nosotros: somos responsables los unos de los otros, ya que somos hermanos. Dios nos pedirá cuenta de la sangre derramada a causa nuestra, lo que no significa únicamente que no debemos asesinar al otro, sino ver esta sangre como la totalidad de la vida del otro. Así que si causo un sufrimiento en otra persona (claro que hablo de sufrimientos que surgen como consecuencia del pecado), yo seré responsable ante Dios por esa otra persona.

Dios es la vida, y desea la verdadera vida para todos. Por eso, sella su alianza con un nuevo símbolo: el arco iris. Todo el colorido allí presente, en medio de una pequeña lluvia, nos debe recordar que a pesar de tantos signos de muerte que vemos a nuestro alrededor, el mismo Dios nos ha prometido su presencia que da vida nueva.

Todos nos hemos maravillado frente al arco iris, ¿verdad?. Ahora tenemos otras razones para contemplarlo y darle un sentido desde nuestra fe, porque se convierte en un signo que remite:

· al mal presente en nuestra vida pero también a todo lo que Dios ha querido salvar en ella,

· al perdón recibido en el bautismo y renovado en la reconciliación,

· nos recuerda que somos nuevos Noé´s,

· la forma como nos guía el Espíritu Santo

· y el nuevo pacto de vida que ha hecho Dios en nosotros.

 

Una breve referencia a la torre de Babel

 

El deseo del ser humano por querer ser más que el otro nos lleva muchas veces a ridiculizar y faltar a la dignidad del prójimo. Esto es lo que hace Cam cuando ve a Noé desnudo debido a los efectos del vino. Tal vez piensa que es algo inocente, llamar la atención sobre la falta de su padre, pero esa ridiculización muestra una gran ausencia de caridad contra el otro.

Borrachitos, mendigos, ancianitos... ¡cuántas veces sirven para hacernos reír! ¡Y cuántas veces esas risas no son más que signo de nuestra falta de amor!

Así que con estos pequeños gestos, que demuestran nuestra supuesta "fuerza" sobre el otro, vamos construyendo la propia torre de Babel. Una torre con la que buscamos ser respetados y venerados por el mundo.

Pero Dios regresará de su paseo, y desde lo pequeño se encargará de confundirnos para derrumbar nuestra gran torre. ¿Cómo lo hará? No sé, recuerda que Dios ha prometido no destruirnos; pero tal vez haga como dice Shakira en Octavo Día, "hay quienes lo han visto solo las calles transitar, anda esperando paciente por alguien, con quien al menos tranquilo, pueda conversar". ¿Te has preguntado si ese alguien eres tú?

 

Por último, querido joven, te invito a que no dejes que esta carta pase rápidamente por tu vida: léela con calma, ora aquello que te cuestione, recurre a esos signos como son el agua y el pequeño altar que actualicen en tu vida esta historia de Noé. Así, podremos dejarnos conducir por Él para descubrir esta segunda alianza que ha pactado con nosotros.

 

Recibe un abrazo en Cristo siempre Joven,

 

Néstor.