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Carta a los Jóvenes – 11

Tiempo para Esperar...

 

 Roma, 10 de enero de 2002

Querido amigo:

             En la Carta anterior veíamos cómo había triunfado el débil Jacob sobre su hermano, el fuerte Esaú. Un triunfo con algunos trucos y engaños de por medio... Pero, como decíamos, Dios se vale hasta de la debilidad humana para mostrar su grandeza.

             Esta ocasión trataremos sobre los capítulos 28, 29 y 30 del Génesis. Allí se nos habla del período que podríamos llamar de juventud de Jacob, señalado mediante su viaje, enamoramiento y la preparación para regresar a casa. Como es ya costumbre en nuestras cartas, haremos un paragón con la situación actual para releer nuestras vidas desde este pasaje bíblico.

 

Salir de Casa

             Así como hoy en día, en tiempos de Jacob también el salir de casa era un paso importante. Marcaba la ruptura momentánea con el propio clan familiar y el comienzo de la independencia del individuo. Recordemos que en aquél entonces no había correo, ni teléfono, mucho menos internet..., así podremos comprender lo importante que era tener una referencia, un familiar dónde llegar.

             Las razones por las que sale Jacob de su casa no quedan claramente expresadas en el texto; si leemos con detenimiento, encontramos dos versiones sobre esta salida: la primera, por prudencia frente al enfurecimiento de su hermano Esaú (Gen 27,41-45); y la segunda, sale como enviado por su padre Isaac para buscarse una esposa donde sus parientes. De la misma manera, hoy en día las razones para que un joven deje la casa paterna son múltiples: estudios o trabajo en otro lugar, deseos de cambio, matrimonio, etc.

            Lo más importante para nosotros en este momento es ver que Jacob tiene una motivación para iniciar su viaje, no es impuesto; es pensado y propuesto por sus padres, y es aceptado por él. Es enviado a casa del pariente de su madre, lo que equivale a decir que no es abandonado a su propia suerte. Y Jacob recibe la bendición de su padre para poder encontrar el camino que Dios le había preparado.

            Esta triple dimensión del alejarse de casa –aceptación del viaje, referencias para la llegada y bendición de los padres- no creo que esté muy lejos de la realidad de muchos que hoy en día les ha tocado salir de casa. Claro que es muy distinto para un joven ir a otro pueblo a principios del tercer milenio que a mediados del siglo XX: con la llegada de la técnica, las distancias se hacen cada vez más cortas, lo que no resta dificultad al reto pero facilita la comunicación con casa. Algunos psicólogos afirman que esto significa una prolongación del “cordón umbilical” con la familia, lo que frena la maduración personal; pienso que eso depende de cada uno, si se entiende la comunicación como “compartir de experiencias” o como “dependencia”.

 

La presencia constante de Dios

             Siguiendo con el relato, encontramos el sueño de Jacob (Gen 28,10-22). Es importante notar cómo Dios hace sentir su presencia fiel y constante, pero para ello se debe tener la sensibilidad propicia en el propio espíritu para aceptar la obra de Dios.

             El símbolo con el cual se presenta esta presencia en el relato es una escalera tan alta que une cielo y tierra, por la cual suben y bajan ángeles. La explicación más clara de lo que representa esa escalera es la oración. Por medio del momento que podemos apartar en el día para conversar con Dios (no solamente rezar las oraciones aprendidas de memoria), comenzamos a unir en nuestro ser los valores del Espíritu con lo que vivimos día a día.

            No repetiremos aquí lo que ya hemos dicho en otras ocasiones sobre la promesa, pero haremos énfasis en el versículo 15: “Yo estoy contigo. Te protegeré a donde vayas y te haré volver a este lugar. No te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho”. Pero, ¿cómo es esa presencia? ¿cuál es ese lugar?... En primer lugar, la presencia de Dios se hace muchas veces casi imperceptible, pero como lo hemos dicho en alguna carta anterior, se sirve de nuestras experiencias para dar un punto de partida a este encuentro entre Él y nosotros. Podemos hacer memoria y recordar algún lugar, una convivencia, una persona, la capilla del colegio o tantos “lugares” en los cuales Dios nos ha encontrado. Allí es donde nos promete regresar, al encuentro con él, seguramente en otro lugar físico y diversas circunstancias, porque Él no se deja ganar en creatividad.

             Sería bueno cada noche, al recordar lo que hemos hecho en el día, hacer nuestra la oración de Jacob luego de su sueño: “Yahvé está realmente en este lugar y yo no lo sabía”. Así podremos ir afinándonos para poder descubrir esa presencia de Dios.

            Jacob también hace una promesa condicional, propia de una fe que se está formando: Si Dios me hace... (vv 20-21), entonces... (vv 22). El pacto de Jacob que surge como verificación de la promesa. Muchas veces nosotros también hacemos uso de estas promesas condicionales: “si la Virgencita me lo cumple, le prendo velas” o “si me concedes esto, Señor, te lo pagaré...”. Ésta es una fe con la cual no nos podemos conformar, sino que deberá ser pasajera, dando paso a nuevas formas más confiadas y libres de creer en el Dios de la Vida.

 

Las aventuras amorosas de Jacob

             El resto del capítulo 29 y el capítulo 30 narran cómo Jacob conoce a Raquel y se enamora de ella, pero Labán, padre de Raquel, le engaña dándole como esposa a su hija mayor Lía. Recordemos que para aquél tiempo era normal la poligamia, era también el tiempo en el cual las esclavas daban hijos al señor de la casa en nombre de la dueña. Dejo al lector la tarea de acercarse al texto bíblico para disfrutar de este pasaje tan hermosamente escrito.

Otro tema que se repite aquí es el de la esterilidad, ya explicado en cartas anteriores. Notable es que Lía era fértil aunque no era amada por Jacob, mientras que Raquel era estéril. De Raquel nace José, quien jugará un papel importante en los próximos capítulos de la historia de Israel.

 

Trabajando por un capital propio

             También Jacob quería tener su pequeño rebaño para poder ser independiente. Así lo muestran los versículos 25 al 43. Pero como ya sabemos, Jacob siempre busca salirse con la suya; se las ingenia para quedarse él con las ovejas más fuertes y dejarle las débiles a su suegro Labán.

             Luego de tanto trabajar, consiguió Jacob tener un capital propio y, como dice el mismo texto, “llegó a ser un hombre rico y grande, pues tenía muchos rebaños, servidores y sirvientas, camellos y burros.

 

¿Esperar qué?

            En todos estos años que transcurrió Jacob desde la salida de la casa de su padre hasta el retorno, Dios le ha ido preparando poco a poco para asumir su posterior rol como patriarca. Ha sido necesario en ese tiempo de espera conjugar cuatro áreas con las cuales también tienes que trabajar tú:

1.      La salida de casa: significa que tu relación familiar irá cambiando poco a poco. No quiere decir esto que querrás menos a tu familia, sino que te abrirás a otros afectos e irás cortando la dependencia de ellos. Esta es una etapa de aprendizaje tanto para los padres como los hijos.

2.      La presencia continua de Dios: Él es muchas veces el más olvidado. En esta etapa te encuentras con una transformación de la fe: aquello que aprendiste de niño ya no te satisface y necesitas respuestas para una serie de preguntas que te van surgiendo. Dios te presenta en la vida personas, lugares y espacios para que vayas madurando tu fe, pero tienes que estar atento...

3.      La experiencia de enamorarse: Pienso que es una de las experiencias más hermosas que vive el ser humano. Es en este tiempo cuando comienzas a pensar en serio en una relación con alguien del sexo opuesto. Piensas en proyectos y haces planes junto con esa persona. Pero OJO, si esa experiencia no se vive de acuerdo a la etapa en la que se está, se comienza a desvirtuar y en vez de madurarse afectivamente se crean baches que luego serán muy difíciles de superar.

4.      Crecimiento profesional: También esta es otra área a la cual debes prestar todo el cuidado que amerita. En el tiempo de juventud es cuando se aprende un oficio y los distintos valores que van junto con el trabajo. Es ese el tiempo para consolidarse como profesional y como persona.

             Como hemos visto, Jacob pasó 14 años antes de poderse independizar de Labán, pero en ese tiempo esperó pacientemente para poder madurar en las distintas áreas de su vida. Te invito a que te evalúes en cada uno de los cuatro aspectos que hemos presentado y, con la mayor sinceridad del caso, te plantees aquellas metas necesarias para que sea un crecimiento armónico y paciente.

 

Espero que continúes animado en tu caminar. En Cristo siempre joven,

 Néstor.