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Catequesis al día

¿HA MUERTO LA "TEOLOGIA DE

LA LIBERACION"?

 

             Se ha escuchado hablar mucho sobre la Teología de la Liberación; algunos lo han hecho a su favor mientras que otros la han criticado muy fuertemente. En lo personal, siempre me ha gustado ir al fondo de las cosas, buscando en todas partes la verdad que cada lado posee; por esta razón, al volver a resonar este tema, pero en esta ocasión como un grito de victoria emitido por quienes la han atacado, he querido investigar y aclarar algunos puntos.

             En primer lugar deberíamos definir lo que es la “Teología de la Liberación”, tarea bastante difícil, puesto que se le ha dado distintas interpretaciones a este término, el cual, desde su aparición en 1968 luego de la reunión de los obispos latinoamericanos en Medellín, ha sufrido cambios sustanciales en sus postulados. En un intento de definición, se puede decir que la Teología de la Liberación es el estudio que se realiza de Dios y su papel junto al hombre para establecer el reino de Dios en la Tierra, el cual se basa en la justicia, la paz y el amor fraterno. Esta forma de la teología es más pragmática que teórica, y es por esto que desde sus inicios el teólogo Gustavo Gutiérrez, ha insistido en el papel fundamental de las llamadas ciencias sociales en el desarrollo de la Teología de la Liberación.

El filósofo, teólogo y jesuita argentino Juan Carlos Scannone, distingue tres líneas concretas que se han utilizado para llevar a la realidad la Teología de la Liberación. Estas tendencias son:

¾    La primera, “sigue directamente las líneas trazadas en Medellín, según sus conclusiones y diversos documentos del episcopado latinoamericano”. Busca acentuar el carácter evangélico, y subrayar de éste su mensaje de una liberación integral, no meramente económica, política o social, sino, fundamentalmente, a un nivel personal.

¾    La segunda línea, “reflexionar teológicamente desde la praxis política del país”. Dentro de esta línea, se puede caer, como algunos lo han hecho, en la politización de la fe, optando por un cambio radical, global y urgente de la estructuración injusta de la sociedad latinoamericana. Esta faceta es la que ha hecho pensar a una gran cantidad de católicos que la teología de la Liberación defiende cl marxismo comunista. Si bien es cierto que algunos que se han llamado teólogos de la liberación han caído en esta tentación, hasta el extremo de utilizar el lenguaje cristiano como base de luchas sociales, también se debe decir que no es la única cara dc la moneda. Si en algún momento debemos identificar alguna corriente socio-política con el Evangelio, podemos estar seguros de que no será la teoría marxista, ya que la concepción que ésta posea del hombre y la sociedad se opone a la implicada en la fe cristiana. Por el contrario, en la Doctrina Social de la Iglesia encontraremos un elemento aplicable a nuestra realidad latinoamericana.

¾    La tercera tendencia “intenta expresar a nivel teológico la sabiduría práctica del pueblo de Dios inculturado en la cultura popular latinoamericana”. Esta línea busca partir de la realidad muy concreta de un pueblo, para que él mismo descubra a Dios y busque la forma más adecuada a él de alcanzar el Reino de Dios.

Luego de esta explicación de las distintas visiones, nos podemos dar cuenta de que en realidad fue Jesús de Nazaret, quien hace dos mil años proclamó una Teología de la Liberación; su Evangelio (Buena Noticia) es un mensaje de salvación, que libera del pecado representado por el egoísmo de cada uno; ¿acaso no fue Él mismo quien dijo: “la verdad os hará libre” (Jn 8,32)?

Afirmo, junto a grandes teólogos actuales que, indudablemente la visión marxista que pudo haber existido en la Teología de la Liberación ha muerto al caer el muro de Berlín; pero no puedo dejar de decir que cualquier estudio serio e interiorización profunda de Dios va más allá de lo que pudiera mostrarnos algún modelo socio-político. En los tiempos de Jesús, su pueblo sufría realmente tanto como lo hace hoy en día el nuestro, pero Él no perdió el tiempo tratando de cambiar las estructuras; Jesús se esforzó para que cada hombre, sin diferencia de clase social o cultural, conociera un nuevo estilo de vida, el del amor fraterno (cfr. Jn 13,34-35; He 5,32) en la libertad que nos hace esclavos en cl servicio mutuo (cfr. He 13,12-17; Ga 5,13), y cuando este mensaje cale en la profundidad de cada uno, el cambio se verá reflejado en las estructuras.

Para concluir, quiero dejar para la reflexión la siguiente frase del P. Leonardo Boff: “...lo que a fin de cuentas interesa no es la Teología de la Liberación, sino la liberación de nuestros pueblos. Para eso debe servir la teología”.

Néstor Briceño Lugo

15 de marzo de 1991

Publicado en “Iglesia y Vida”, abril de 1991, 22.